martes, 22 de mayo de 2012

Yo me acuerdo de esa escena de... 500 días juntos (Marc Webb, 2009)

  Película de culto de la pasada década, sobre todo entre la población joven y/o de tendencias indies, "500 días juntos" (cuyo título original, "500 days of Summer", más apropiado, crea un juego de palabras entre el nombre de la protagonista, Summer, y el significado que éste encierra, verano, para así dar cuenta no sólo de ese año y medio largo de la relación del panoli protagonista tan brillantemente interpretado por Joseph Gordon-Levitt como del estado de enamoramiento, de verano perpetuo, en el que él vive) es una de las películas que mejor ha retratado esa difícil e intangible zona que separa, en algunos casos, la amistad del amor. ¿Se puede ser sólamente amigos una vez que se han pasado ciertas barreras? Según Antonio Gala, el amor es una amistad con momentos eróticos, pero ¿y al revés? ¿La amistad es un amor sin momentos eróticos? Yo creo que sí, que la amistad es amor, a veces más importante e intenso que el amor a una pareja. ¿Pero entonces que son los follamigos? Aún es más, ¿existen realmente los follamigos? O se folla o se es amigo, pero las dos cosas a la vez durante mucho tiempo no creo yo que dure. Algo hay que sacrificar.

  Complejo tema abordado tanto en la música, con el excepcional tema "Agua" de Jarabe de Palo, como en otras películas tanto posteriores como la también indie y de culto "Bon appétit. Historias de amigos que se besan" de David Pinillos (El título lo dice todo. A propósito, una amiga, cuando se la recomendé, me dijo: Sí, quiero verla, pero me da miedo: me recuerda demasiado a nosotros. Y con nosotros se refería a más gente a parte de nosotros dos...)como anteriores, como el clásico contemporáneo "Cuando Harry encontró a Sally" de Rob Reiner de quien esta película es digna sucesora.

  Disfrutemos de esta escena, una de las que mejor y de manera más gráfica ha retratado una de los males de nuestro tiempo: la construcción de falsas expectativas, ya sean infundadas o no. He de decir, que cuando se es como Tom Hansen o como yo, ilusos por naturaleza, no hace falta mucho para que empecemos a divagar y nos hagamos en treinta segundos una idea de nuestra vida en los próximos cincuenta años. Claro, luego llega la realidad y te la pegas a lo grande, una y otra vez. A pesar de que los años y la experiencia atenúan este rasgo, es bonito tener esta clase de expectativas, no perder la ilusión por cualquier cosa, por muchas decepciones que esto traiga una y otra vez. Porque cuando esto sucede, cuando las expectativas coinciden con la realidad o las supera (a veces pasa, os lo aseguro),oh, amigos, eso es maravilloso.


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